¿Por qué no aprecio cuando me sucede algo bueno? Estoy hablando de las pequeñas cosas que Dios me ha dado. Solo quiero lo grande, pero me enojo por cosas que no debería.
Todo buen regalo y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces celestiales, que no cambia como las sombras que se desplazan.
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